| A Raul "Coto" Cubillos Pizarro |
| Escrito por waldo sembler pino | |
| jueves, 27 de marzo de 2008 | |
|
(Q.E.P.D.) Así, con todo ese tesoro que era sólo de él, se durmió Raúl “Cotito” Cubillos. Como hombre sencillo que fue, amante de todos y amado por todos, dejó en la vida el espacio de los grandes; esos espacios que no pueden ser cubiertos por nadie, esos espacios que siempre, para toda la vida, serán sólo de ellos, de los que brillaron en el cielo de la pampa por las noches y de los que cruzaron caminos polvorientos bajo el sol dorado y sobre la costra y la crujidera de la tarde cuando el crepúsculo anunciaba en Mapocho el término de la jornada y conducía a cada cual a sus afanes personales. A Cotito lo llevaba al gimnasio a practicar con elegancia, con clase, con prestancia, con virtud el deporte que él amaba, el boxeo de los rudos hombres que enganchados una vez llegaron el norte a lucir su estirpe de chileno. Hace pocos días sonó la campana antes del término del combate, pues el mejor de muchos decidió cerrar los ojos para siempre y dejar que su combate final no fuera una derrota, sino un término anticipado por retiro, un término anticipado pues sus 85 años de edad le pasaban la cuenta y le llamaban a cambiar de categoría: dejar la categoría mosca en que tanto destacó y subir a la categoría superior, allá donde los más grandes lucen sus condiciones y aptitudes frente a Dios. Desde luego, dejó de tañir la campana que a orillas del ring anunciaba cada vuelta en sus combates de boxeo y también las otras, las campanas de las escuelas 4, 16 y D 90 en que Cotito se esmeró en servir como auxiliar de servicios con la misma pulcritud con que lo hizo en sus labores del salitre. Se silenciaron las campanas terrenales para un grande que se fue y comenzaron a sonar las campanas celestiales que anunciaban la entrada al cielo del eterno campeón de Tarapacá, del caballero, del ring y de la vida, del inolvidable Raúl “Coto” Cubillos Pizarro, que descanse en paz. Desde Concepción |