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Escrito por cristian valacina
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martes, 20 de marzo de 2007 |
Sociabilidades barriales, modernas y tradicionales; región andina: la fe y la religiosidad popular simbiosis de fiesta.
Existe algo especial en la génesis de la conformación de algunos barrios del norte de Chile y en especial de nuestra ciudad, y en el cual lo árido de su entorno no amaina la increíble personalidad que poseen quienes son vistos nacer por tan prósperas tierras.Desde estas profundas y prolíficas tierras áridas de tentaciones, pero cálidas de sencillez, una región que antes no conocía el tricolor, es la antesala del nacimiento y luego de la dominación de barrios ordenados y comunitariamente relacionados, pero otorgando un rasgo de especificidad que logra identificarlos y darles un rasgo característico que les es propio y que también hace la diferencia, pues en donde un contexto histórico rodea lo que consume tanto como crema. Estoy describiendo los límites que respectan a la Macro Región, y que contempla también otros países de nuestra América y que en esta especial oportunidad será la génesis de nuestra identidad “iquiqueña”.
Nuestro continente experimentó un quiebre y también transformaciones que fueron trascendentales, cambios culturales, religiosos, marcaron la rutina diaria y se desarrollaron produciendo una simbiosis no solo cultural si no expresada en todos los ámbitos de la vida cotidiana, como lo fue la llegada de los españoles a nuestro continente, el ser latino se fundamenta entonces desde esta perspectiva; buscar en los procesos de mestizaje la matriz de nuestra identidad, elementos que al mezclarse fundamentan una nueva síntesis.
Conviene aclarar que no será una revisión desde los tiempos de las primeras colonizaciones hasta nuestros días, más bien, se trata de entender los procesos de mestizaje y simbiosis resultantes de este choque cultural. Uno de estos centrales fundamentos se ampara en una discusión que no sólo es acariciada para esta forma de trabajo, si no también como una forma de analizar los hechos de esta región extrema del mundo, en donde es colocado la razón de “la religiosidad popular” como punto de encuentro, como formas de vida en virtud de la cual se asocian y mutuamente se favorecen en su desarrollo intercultural; la cual nos indica que este acercamiento propone que lo típico de la identidad cultural latinoamericana , se formó en el encuentro entre los valores culturales indígenas y la religión católica traída por los españoles. Este modelo cultural emerge como un ethos de la experiencia común, una experiencia común del encuentro entre seres humanos.
Entonces América Latina sufre desde su independencia una ruptura cultural, pero su verdadera síntesis se encuentra en la religiosidad popular la cual argumenta: “es una de las expresiones de nuestra síntesis cultural que atraviesa todas sus épocas y cubre todas sus dimensiones: trabajo y producción, asentamientos humanos y estilos de vida, lenguaje y expresión artística, organización política y vida cotidiana (Larraín, 1996:180). Esta perspectiva no es analizada desde el cristianismo como matriz específica, tomando su evolución durante nuestra historia a la llegada de los españoles, no significa que la identidad cultural latinoamericana sea, anti- moderna, si no más bien, se constituyó antes que la modernidad ilustrada llegara, “La ilustración convirtió a las elites latinas a la razón instrumental, pero no tuvo éxito contra la religiosidad popular de los mestizos, que ha resistido todos los ataques para permanecer hasta hoy como la expresión más genuina y espontánea del ethos cultural. El arqueólogo chileno Lautaro Nuñez(2003) nos dice: existe un rasgo distintivo de esta región en particular, digamos como un patrón común determinado , en donde nos explican algunas características generales no en 200 años de historia institucional si no más bien en la conformación de asentamientos humanos, es decir hace 14 mil años atrás, entonces estamos frente aun espacio cultural y con suficiente diversidad cultural que ha logrado generar ciertos perfiles humanos distintos de otros territorios, tal diversidad que generó durante el mundo prehispánico distintas identidades, reestructuradas en el mundo colonial que aun sobreviven. La religiosidad popular mezcla valores indios, de la nueva sociedad, la colonial y la actual que en conjunto, marcan una constante hacia un acercamiento de fe y feria entre largas distancias y por sobre todo, el someterse sin doctrinas a un aparato religioso que los sostiene en el centro del desierto en la adversidad intrínseca de este. Es la soledad india con sus incas asesinados, la sociedad colonial esclava y los salitreros y sus descendientes actuales, hombres y mujeres del desierto que, encuentran en la religiosidad popular, la única posibilidad de darle sentido.
Desde esta gran ventana llamada América latina se constituyen otros aspectos característicos y que de sobremanera también alimenta el patrimonio identitario y sobre todo de la ciudad de Iquique: la conformación de estructuras barriales y su posterior organización, resaltando el hecho de la posterior construcción, es decir mediante “prácticas y significados sedimentados en la vida diaria de las personas”. Aunque necesariamente la construcción de sentido de identidad denota cualidades y características que son reconocidas también a nivel de un campo mucho mas específico como es la ciudad de Iquique y sus barrios. El barrio en Iquique, es la estructura socializadora por excelencia, después de la familia. El orden barrial es el que además otorga identidad y sentido de pertenecer a algo. Las formas de asociación comunitaria encontraban en el barrio su mejor sustento. Sobre esta estructura se edificaron los clubes deportivos y en algunos, los bailes religiosos. La vida del barrio se articula en torno a la vida deportiva y la vida religiosa. Estos elementos ayudaron a configurar una sociabilidad e identidad que fueron singulares según el barrio de que se tratara.Entonces existe aquel sujeto iquiqueño por una cuestión de territorialidad tanto cultural como espacial, y argumentando aquella identidad con aquello de un poco de todo, dentro de los límites del barrio, es prácticamente un iquiqueño de distinta procedencia, no es extraño entonces observar que dentro de algún típico barrio de nuestra ciudad exista aquella interculturalidad, sin obviar lo estrictamente nortino, macro regional iquiqueño a su vez. Aquello territorial e histórico define por sus propios matices la orientación dentro de un contexto determinado, estarán situados los rasgos identitarios, y sobre todo las principales características. Pero existe dentro de todo una especificidad no solo territorial, si no también con un sentido mas bien histórico: considerando los tiempos cronológicos, donde su tardía incorporación al estado nacional chileno marcan una tendencia. También lo son “los flujos y reflujos económicos- productivos” que crearon una red de comunicación y crecimiento de carácter transfronterizo y una simbiosis cultural entre la construcción sociocultural del Iquique y su otro vecino natural del espacio nortino: la pampa, que inundó de elementos culturales a la ciudad. Chilenos, peruanos, bolivianos, chinos y mas el mestizo sociocultural que formó la matriz de un iquiqueño propio del siglo pasado, construido entre el auge productivo salitrero y el progreso comercial de zona franca. Pero una de sus principales características radica en la proximidad que se ejerce en la cotidianeidad, es decir, empleando no solo la relación física cara a cara si no también empleando motivaciones afectivas.Aquellas relaciones basadas en la emotividad son uno de los principales generadores de redes y reproducción societal, barrial, la cual se ve expresada en las organizaciones de carácter afectivo que son creadas mediante estas relaciones “entre vecinos” utilizando su espacio público, tanto como privado para la ejecución de esas especificas formas: comités, clubes deportivos, bailes religiosos, grupos musicales, grupos artísticos; que mediante la pertenencia establezca la identidad barrial.
El espacio territorial será realmente la categoría calle, que indica básicamente el mundo, con sus imprevistos, accidentes y pasiones, mientras que casa remite a un universo controlado, donde las cosas están en su debido lugar. Por otro lado, la calle implica movimiento, novedad, acción mientras que la casa significa armonía y calma: lugar de calor y afecto, además en la calle se trabaja, en la casa se descansa. En la calle entonces, el mundo tiende a verse como un universo hobbesiano, donde todos tienden a estar en la lucha contra todos, hasta que pueda surgir una forma de jerarquización y promover algún orden. Es difícil argumentar el hecho de ser iquiqueños o afuerinos, pero lo que si es claro que aparte de todo lo antes nombrado ahora en pleno siglo XXI son otros aspectos los que delinearan lo que respecta al ser iquiqueño. Como muestra dos botones: la globalización, la era de la información y las transformaciones tecnológicas.
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